Por Amelia Sebastián.

Hace un tiempo, allá por el año 96 se creó un equipo femenino de baloncesto llamado Dorna Godella, en ese momento era impensable las cuotas de popularidad que alcanzó, y que sería el equipo más laureado del baloncesto femenino en nuestro país. Han habido equipos que han querido seguir los pasos de este magnífico equipo como el Perfumerías Avenida o el Rivas, pero fue tal la hazaña de este club que no han podido llegar a alcanzar tales éxitos.

En la historia de todo club aparecen las vacas flacas y el Dorna Godella no fue una excepción, posteriormente adquirió el nombre de una empresa valenciana muy conocida, cuya familia ha estado vinculada al deporte de la ciudad, el Ros Casares asumió el nombre del club y quiso sacarlo de la población donde jugaba y trasladarlo a la ciudad de Valencia. Pero mucho antes que todo ese proceso, las chicas de toda la Comunidad que jugaban al baloncesto tenían un sueño, pertenecer a ese club o jugar contra él, aunque ello supusiera perder de paliza.

El Dorna Godella y posteriormente con la última denominación consiguió 3 Euroligas, 14 ligas, 11 copas de la Reina y 6 supercopas. Todo un palmarés digno de cualquier club que no debía haber desaparecido a nivel profesional y que debería haber estado mucho más cuidado por instituciones (las cuales sí se ponían para hacerse la foto cuando conseguían un título), e incluso por una sociedad que vibró con ellas pero que no supo mantenerlas. En este punto voy a introducirme en un terreno peligroso, entre el feminismo y el machismo en el deporte, sin querer herir sensibilidades, es verdad que el deporte en el que participan mujeres está mucho más marginado y apartado de los medios de comunicación, excepto cuando los éxitos de las deportistas tales como Mireia Belmonte, Carolina Marín, Ruth Beita entre otras, son nombradas a nivel nacional y saltan a primera plana cuando consiguen éxitos que los deportistas masculinos no alcanzan, quiero resaltar que existen buenos deportistas en nuestro país. Y qué decir de los deportes en grupo, cómo el éxito de la selección de fútbol sub-16 o la de baloncesto que fue campeona de Europa por Tercera vez, y su notoriedad en los medios fue vaga.

Jugadoras como Laia Palau, Elisa Aguilar, Anna Montañana, Amaia Valdemoro o Marta Fernández que pertenecieron al grupo de la selección, y que jugaron en el equipo del Ros Casares, quedaron en el olvido cuando dejaron de cosechar éxitos con ambos equipos.

Destacar una anécdota que me pasó ya hace unos años, me acuerdo un domingo por la mañana cuando presenciando una fiesta popular en la ciudad de Valencia  vi a Laia Palau entre otras, en la calle de la Reina, viendo el desfile de la Semana Santa Marinera, enseñando esta fiesta y explicándosela a las jugadoras extranjeras del equipo del entonces Ros Casares.

Antes que todas ellas, cómo olvidarme de la jugadora serbia Razjija Mujanovic, dominadora del baloncesto europeo hace 25 años, y una joven promesa como la jugadora rusa, Natalia Zassoulskaya, ellas fueron los pilares para ganar esa primera copa de Europa, no se me olvidará ese 26 de marzo del 1992, aquí han jugado jugadoras top y muy importantes en aquel entonces en el baloncesto femenino.

Todas esas jugadoras ya en el olvido llevaron a nuestro equipo a disputar en la élite las competiciones más importantes, y con su buen juego, algunas como Laura Grande o Anna Junyer colaboraron con la selección española para realizar los mimbres con los que conseguir éxitos para este país.

Jugadoras que pertenecieron a la selección y fueron componentes del Ros Casares o Dorna Godella, como Alicia López o Anna Montañana con las cuáles fue un placer enfrentarse en algún torneo, jugadoras que han tenido que emigrar a otros países o incluso a EEUU para seguir formándose y encontrar esa oportunidad que aquí no se les dio, tales como Betty Cebrian, Amaia Valdemoro (que fueran las primeras que emigraron), Alba Torrens que tuvo que irse a Rusia, Anna Cruz o Marta Xargay que ha sido la última de las 13 que han ido a la WNBA.

Como no puede ser menos, la Competición premió al club con una Final Four en la  Fonteta, y los aficionados a este deporte pudieron deleitarse y contemplar a jugadoras como Diana Taurasi, Sylvia Fowles, Sue Bird, Deana Nolar, Candence Parker, Ann Wauters.

Todas ellas pasaron por una Fonteta en una Final Four inolvidable, con los equipos grandes de Europa como Spartak, el Ekaterimburgo o Wisla, que quedaron en el olvido con la desaparición en el 2012 en la categoría profesional.

Una vez desapareció el baloncesto femenino a nivel profesional, el Valencia Basket absorbió las categorías inferiores de este equipo, y en estos momentos está trabajando para volver a la élite. Este retorno tiene que ser lo antes posible, ya que nunca debió de haber sucedido. Me consta que se está trabajando en ello para volver a la élite que nunca debió abandonar, e incluso comprando una plaza, práctica habitual en la ligas donde hay que pagar un canon para jugar.

El club llamado ahora Valencia Basket Femenino, ha realizado fichajes importantes para volver a ser quien era, un club de baloncesto de la alta competición nacional e internacional.

Pero no olvidemos nuestros orígenes, sin ellos no se puede escribir nuevamente páginas gloriosas llenas de títulos que satisfagan a esta ciudad, y que contribuyan a fomentar un deporte lleno de espectáculo y emoción.