por Amelia Sebastián.

Hace 30 años cuando era tan solo una niña, empecé a jugar al deporte de la pelota naranja que llamamos baloncesto, y nunca pensé que aquel club que entrenaba a ese mismo deporte en el pabellón de al lado de mi casa llegaría a alcanzar tantos éxitos, tantas tardes/noches de gloria. Veía jugar en el pabellón de Mislata a aquellos jugadores tan altos y que vestían por aquel entonces unos pantalones muy cortos, como regía la moda de la época, nada que ver con el vestuario de hoy en día, pantalones largos de clara influencia americana. Poco podía pensar que en el transcurso del tiempo ese equipo con aspiraciones elitistas llegaría a ser campeón.

A aquellos que lucharon para ayudar a conseguirlo y que no salen en la foto, y que muchas veces no han recibido la gratitud ni el reconocimiento merecido, a ellos… va dedicado este artículo, a vosotros que desde el silencio contribuisteis a este proyecto.
Llevamos muchos años compitiendo en la liga ACB, se pueden destacar  fracasos y éxitos, decepciones y alegrías, pero sobre todo, el espíritu de competición que ha mostrado el equipo durante estos últimos cinco años. Aunque estos años atrás, nos decepcionara ese último tiro de Huertas en el último segundo apeándonos de una final. Aún me acuerdo las lágrimas de Sergei Lishchuck, y las mías corriendo por mis mejillas, no era justo, y como se dice en el argot, la competición nos debía una.

Al año siguiente, volvimos a creer que vendría una nueva oportunidad. Y se puso a tiro esa nueva opción, pero llegó un grandísimo jugador, que no deportista, aunque dicen quienes lo conocen que es un gran tío, supongo que si fuera de mi equipo también lo consideraría así. Sergio Llull apareció con un  triple increíble, y un injustificado abandono de pista junto a todo su equipo, como si en la Fonteta hubiera intención de agredirles… Y la suerte nos volvió a dar  la espalda, nos volvimos a quedar nuevamente a las puertas de una final. Ya no nos quedaban lágrimas que derramar, solo impotencia. Me quedo con: “Hemos luchado hasta el final”. Pero ahí está, el que no tiene memoria no se acuerda de que este deporte es así de desagradecido, y te quedas con las ganas de llegar a jugar una segunda final en tu historia, ser más grande a los ojos de la competición.

Este año cambió el destino de una afición y de unos jugadores acostumbrados al sin sabor de la victoria final. Por fin la suerte que no tuvimos años anteriores se puso a favor y fuimos campeones. Y aunque parezca ya lejano, no nos cansamos de recordarlo, y se nos llena la boca de gritarlo tantas veces como sean necesarias para no despertar de ese sueño.

Pero el tiempo pasa y la temporada siguiente llama a la puerta, este verano antes de que se juegue el Eurobasket han habido movimientos de  mercados, jugadores que dejan a un equipo campeón, jugadores que hacen el esfuerzo de perder dinero para quedarse en la ciudad de la luz y del color y jugadores que se van por dinero o por amor a otros colores. Ya tenemos cerrada la plantilla, a falta de la mejor guinda que es Sato, ese jugador incansable que da números que no se ven en las estadísticas. ¿Y ahora cuál es el objetivo? ¿Qué nos planteamos los aficionados? Nos conformaremos con disputar la Euroliga nada más, o querremos dar un paso más, competir por ser más grandes y codearse con los todos poderosos equipos rusos, griegos y turcos.

Yo quiero luchar por conseguir algo nuevo, saber de dónde venimos puede darnos la fuerza para encontrar nuevos objetivos, aquellos que sean más ambiciosos. Quiero luchar por jugar la Final Four, quiero seguir luchando por dar guerra en la cancha, que cuando vengan a mi Fonteta sepan que aquí cuesta ganar, que ganar no es fácil. Hemos hecho una plantilla acorde a unos principios, ¿será suficiente para fomentar ese gen ganador? solo el tiempo lo dirá.

La Fonteta no se debe conformar con quedar segundos, se quiere más y más. Ya se acabó el hecho de otra vez será, queremos más, dejarse la piel en cada partido para ganar, unas veces se conseguirá y otras no. El nuevo proyecto de Mulero, a priori, puede conseguir los objetivos que se plantee el club, ese nuevo entrenador con visión continuista del anterior, esa plantilla compensada, la columna vertebral del año pasado tirando del carro. Lo tenemos todo para triunfar. Ahora los partidos, los viajes, y las lesiones marcarán la campaña del club.

Yo quiero luchar por ser más grande, por jugar en el top 16, por encontrar un hueco y que no nos dejen salir de la élite. Porque solo así querrán venir jugadores de renombre, jugadores que descartarían dinero por venir a jugar al Valencia Basket. Y aquellos que  descartaron volver porque no era su momento (me refiero a Víctor Claver, considerado por el club como el hijo prodigio) y porque no se competía en la Euroliga, descartó volver al club que le hizo crecer como jugador y como persona, no hace falta que regrese, que nos vamos a quedar para seguir estando en la élite, aunque hayan equipos, personajes y entidades que no quieran contar con el equipo Campeón de la liga 2016/2017.

 

Foto: http://www.elpaís.es